El mercado global de almacenamiento enfrenta uno de sus ajustes más pronunciados en los últimos años. De acuerdo con datos de Kingston, el precio de la memoria NAND ha aumentado 246% respecto al año pasado, impulsado por recortes estratégicos de producción, mayor demanda en centros de datos y el crecimiento acelerado de aplicaciones asociadas a Inteligencia Artificial.
Este incremento ya comienza a reflejarse en los precios finales de SSDs, memorias y soluciones de almacenamiento empresarial. Para las PyMEs, el impacto es directo: cualquier proyecto de renovación tecnológica, expansión de capacidad o mantenimiento preventivo puede verse afectado por variaciones de precio que alteran presupuestos previamente definidos.
A diferencia de ciclos anteriores, el mercado no anticipa una corrección rápida a la baja. La combinación de demanda estructural sostenida y ajustes en la oferta global sugiere que la presión en precios podría mantenerse durante los próximos trimestres. Esto obliga a las empresas a incorporar criterios financieros más estratégicos en sus decisiones de adquisición tecnológica.
En este contexto, anticipar compras se convierte en una medida preventiva para proteger el presupuesto de TI. Asegurar inventario a precios actuales reduce la exposición a nuevas alzas y brinda mayor previsibilidad financiera, especialmente para organizaciones con márgenes operativos ajustados.
La gestión del hardware, por tanto, deja de ser únicamente un tema técnico y se convierte en una variable de planeación financiera. El almacenamiento es un componente crítico para la continuidad operativa y su volatilidad debe evaluarse bajo una lógica de mitigación de riesgos.
Para el canal tecnológico, este entorno abre la puerta a conversaciones más consultivas con los clientes. Más que vender componentes, el enfoque está en acompañar a las empresas en decisiones informadas que protejan su flujo de efectivo, aseguren disponibilidad y mantengan la estabilidad de sus operaciones.



































